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Forcades, Oliveres y el manifiesto constituyente



Leer y escuchar a la monja benedictina Teresa Forcades nos reafirma en el convencimiento de que el problema no está en las religiones sino en las jerarquías y cúpulas que las secuestran y manipulan en su exclusivo provecho. Una religiosidad bien entendida que queda indisolublemente trenzada con un relato político libertario nos proyecta hacia el futuro.
Teresa Forcades: Si nos meten en prisión ya vendréis a contarlo
Adjuntamos el manifiesto de los 10 puntos con el que están creando un movimiento transversal, humanista, libertario y postcapitalista en Cataluña y, de camino, en el resto del estado:
1. Expropiación de la banca privada, defensa de una banca pública y ética, freno a la especulación financiera, fiscalidad justa, auditoría de la deuda e impago de la deuda ilegítima.
2. Salarios y pensiones dignas, no a los despidos, reducción de la jornada laboral y reparto de todos los trabajos, incluido el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
3. Democracia participativa, reforma electoral, control de los cargos electos, eliminación de los privilegios de los políticos y lucha decidida contra la corrupción.
4. Vivienda digna para todos, moratoria de los desahucios y dación en pago retroactiva.
5. No a las privatizaciones, reversión de todos los recortes y potenciación del sector público bajo control social.
6. Derecho al propio cuerpo y no a la violencia de género.
7. Reconversión ecológica de la economía, expropiación y socialización de las empresas energéticas y soberanía alimentaria.
8. Derechos de ciudadanía para todos, no a la xenofobia y derogación de la legislación de extranjería.
9. Medios de comunicación públicos bajo control democrático, software y red libre y desmercantilización de la cultura.
10. Solidaridad internacional, no a la guerra, y por una Cataluña sin ejército y fuera de la OTAN.
Nos encontramos en una encrucijada histórica donde es necesario dar un paso adelante y reunir fuerzas. Hacemos un llamamiento a la ciudadanía de Cataluña a firmar este manifiesto y a ayudar a construir entre todos esta iniciativa de cambio a favor de un modelo social, económico y político igualitario y participativo que se niega a separar la Libertad de la Justicia y de la Solidaridad.

Arcadi Oliveres y Teresa Forcades
10 de abril 2013

El 28 de septiembre damos un #JaquealRey


De todo el entramado institucional del actual Régimen, la monarquía es el elemento que tiene menor legitimidad; por su origen, ya que Juan Carlos fue nombrado por Franco como su sucesor a título de rey; y también porque nunca ha tenido tipo alguno de refrendo popular.
La cabeza de la monarquía, el rey, ha sido a lo largo de éstas décadas todo un exponente de los rasgos más nefastos del sistema: participación de los últimos fusilamientos de la dictadura, implicación en el pronunciamiento militar del 23-F, contribución en diversos casos de corrupción, aprovechamiento privado permanente de su condición de Jefe de Estado…
En un momento económico y político tan delicado como el que estamos viviendo, es especialmente doloroso ver a diario el boato, el despilfarro y el blindaje judicial del que hace gala la familia real, ante la mirada atónita de sus “súbditos” y la complicidad del sistema.
Para dar un paso adelante en un proceso de empoderamiento del Pueblo (única forma a su vez de avanzar en un auténtico Proceso Destituyente – Constituyente), es necesario conseguir la abolición de la monarquía.
Es por ello que desde la Coordinadora 25S convocamos a toda la sociedad a una gran movilización para el sábado 28 de septiembre, bajo el lema #JaquealRey.
Ver también:

Entrevista de “La Radio del Sur” de Venezuela sobre el Jaque al Rey.



IU pide la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones



Dimisión del Gobierno ya y apertura de un Proceso Constituyente que redacte una nueva Constitución del pueblo y para el pueblo.

Regeneración democrática ya


Escrito por Fusión 23 Enero 2013


No hay vuelta atrás. No puede ni debe haber vuelta atrás. ¿Qué les queda por demostrar a los 'dioses' políticos? ¿Hasta dónde puede llegar la degradación de su responsabilidad como funcionarios al servicio de los ciudadanos? ¿Cuánto más vamos a permitir y a sufrir?

Las máscaras se caen y con ello queda al descubierto la repugnante realidad de unos individuos sin escrúpulos, obsesionados por el poder y lo que éste aporta en oportunidades de enriquecerse.

El desprecio a los ciudadanos, a sus sueños, a sus esperanzas, necesidades y derechos, es ya más que evidente. Son elegidos con el voto democrático y lo utilizan para sus egoístas, interesados e ideológicos fines. Han demostrado ser basura. Han demostrado que no están a la altura de los mínimos principios democráticos, ni tan siquiera de la imprescindible base humana y moral que debe alimentar a todo aquel que desempeñe un cargo público.


Ahora queda sacar enseñanzas de la lección, y corregir lo que está mal, que no son sólo las personas y sus delitos, de eso debe encargarse la justicia, sino las bases, las leyes, que permiten que individuos sin escrúpulos puedan desempeñar cargos responsables, puedan acceder al mecanismo democrático y utilizarlo para su provecho.


Toca regenerar la democracia, crear un nuevo sistema que permita la transparencia en tiempo real, que controle el trabajo de los empleados del pueblo, los mal llamados políticos, que exija a todo aquel que quiera servir al pueblo desde la poltrona del poder unas condiciones mínimas de honradez y de consecuencia con su declaración de intenciones, o sea, el cumplimiento por ley del programa electoral presentado ante los ciudadanos y por el cual estos eligen a sus candidatos.


Se debe dar más uso al referéndum, único cauce para que los ciudadanos puedan ser partícipes de las decisiones que les afectan directamente. Es inconcebible que unos ciudadanos elegidos por otros ciudadanos, tengan la potestad de tomar decisiones drásticas sin el consentimiento de los primeros.


Una democracia sin un uso más fluido del referéndum se convierte en una dictadura avalada por las urnas. Y eso exactamente es lo que está sucediendo. Cuando los ciudadanos protestan aquellas decisiones que les afectan gravemente, los "políticos", que ya han olvidado su origen y quien les paga, se justifican diciendo que están avalados por el voto, por las urnas. Pero eso es una mentira interesada, una verdad a medias, manipulada, porque las urnas avalan un programa, unas promesas, un proyecto, y lo que está ocurriendo no se parece en nada a lo que los ciudadanos votaron. Esta incongruencia dota de un sinsentido total al concepto de democracia. Deslegitima la democracia. La convierte en un mecanismo fraudulento al servicio de los intereses del partido más votado.


El programa electoral presentado por los partidos es una declaración de intenciones que estos plantean a los ciudadanos para captar su voto. Incumplirlo implica cometer un delito que debería ser castigado, expulsando a los infractores, denunciando los resultados electorales y repitiendo las elecciones. Pero la permisividad legal existente al pasar por alto tan vital regla democrática, es lo que favorece la proliferación de "diosecillos" que se creen con potestad para hacer lo que les da la gana, incluyendo en ello el apropiarse de lo ajeno, lo que nos pertenece a todos.


La mayoría de los problemas existentes vienen, derivan, de la no existencia de un control de las bases, de las reglas, que son la salud de la democracia. Aquí vale todo. Lo único que tiene en cuenta al ciudadano es la llamada al voto cada cuatro años. El resto es un desprecio, una burla y una constante proliferación de delincuentes que, además, gozan de privilegios especiales ante la justicia por su condición de diputados o cualquier cargo político que ostenten.


Lo que ahora mismo hay es basura. La democracia es una burda mentira consentida por todos los políticos y avalada por el absurdo voto y el silencio de unos ciudadanos resignados a sufrir las consecuencias de la ignorancia, la incultura, el desprecio y la falta de responsabilidad de los que ostentan cargos públicos.


Resulta inconcebible asistir día tras día a los manejos de cualquier patán, ascendido a la categoría de ministro, que decide por su cuenta que hay que cerrar las minas, o que hay que devolver la religión a las aulas, o que el idioma catalán suena mal, o que hay que privatizar la sanidad, o que hay que pagar tasas judiciales, etc. etc.


Resulta inconcebible que la democracia haya degenerado tanto para que eso suceda. ¿Quiénes coño son estos personajes? ¿De dónde han salido? ¿Qué derecho tienen a disponer de las vidas de los ciudadanos? ¿De donde ha salido su potestad para tomar ese tipo de decisiones a espaldas de los ciudadanos? ¿Cómo es posible que ante las protestas de los ciudadanos saquen sus "perros" a la calle para que los machaquen? ¿Es eso legal en una democracia? ¿Es eso justicia?


Todo eso es una vergüenza. Lo absurdo gobierna. Lo absurdo se ha instalado en la vida y ha tomado el mando. Sólo queda plantarse y pararlo todo. Sólo queda negarse a participar de esta mentira, de este esperpento, de esta degradación de lo que tanto costó conseguir.


Los políticos que participan y se aprovechan de este engendro son los causantes del mal. Los ciudadanos que colaboran con su pasotismo y su adulación a los políticos son también culpables y responsables. Pero, además, son estúpidos, porque les están robando su futuro, su dignidad y su libertad, y les siguen aplaudiendo, jugando su juego, riendo sus gracias. Es lamentable.


La solución es unirse para regenerar las bases democráticas. Exigir nuevas leyes, nuevas condiciones, nuevos controles, nuevos políticos al servicio del pueblo. Empleados, no "dioses". Y para ello se deben equiparar en ganancias y en derechos a los ciudadanos. No más privilegios. Que la "profesión" político sea vocacional, no una forma de enriquecerse y asegurarse el futuro.


Y ello debe ser conseguido antes de las próximas elecciones. El cambio debe ser ya.

Y si no existe voluntad de cambio por parte de los que deben legislar, entonces no les demos el aval del voto. A nadie. A ninguno. Hagamos que todo se pare. Que se detenga la maquinaria de la corrupción, de la mentira, de la no presencia del pueblo en los asuntos decisivos. La democracia es el gobierno del pueblo. ¿Es eso lo que tenemos...?
En nuestra mano está. Y si no lo hacemos, tampoco nos sigamos quejando, no perdamos el tiempo con manifestaciones, huelgas o protestas que sólo sirven para que llevemos más palos y perdamos aún más derechos.

Es evidente que a ellos no les tiembla la mano y no se inmutan en sus decisiones. Y que tampoco cambian su nivel de vida, sus sueldos, sus privilegios, su "justificarse" los unos a los otros, su actitud despótica, engreída e inhumana.


La solución, la única solución posible, es cambiar las leyes, las normas democráticas y realizar así una limpieza total. Regenerar la democracia. Limpiar la basura y comenzar desde cero.

No es una utopia. Es posible. Es, además, digno y humano. Hay mucho en juego.
En nuestra mano está. Δ


POR QUÉ ODIO A ESTE PUTO PAÍS (MANIFIESTO ANTIESPAÑOL)


"Odio a este puto país porque sus pueblos aún martirizan a los animales, alegando que taladrar la piel de un toro con un estoque o lanzar a una cabra desde un campanario es arte y no tortura."


Cuando de pequeño escuchaba que “España era una unidad de destino en lo universal”, me preguntaba si se referían al éxito de Massiel en Eurovisión, cantando el “La, la, la”, pero después del triunfo de la Roja en la Eurocopa 2012 he comprendido que España aún sueña con fundar un Imperio Galáctico liderado por un risueño Darth Vader ataviado con una montera y un capote carmesí. No es una broma. Los que siguieron la batalla librada contra una Italia debilitada por el “bunga-bunga” del Lord Sith Berlusconi, pudieron comprobar que un torero animaba a la selección, recordando al mundo que España siempre será la patria del botijo, las tonadilleras, el tricornio y el garrote vil.

Odio a este puto país porque al cruzar los Pirineos la caspa deja de ser un problema de higiene y se convierte en un signo de identidad nacional. Odio a este puto país porque sus pueblos aún martirizan a los animales, alegando que taladrar la piel de un toro con un estoque o lanzar a una cabra desde un campanario es arte y no tortura. Odio a este puto país porque presume de unos huevos de oro, pese a su cobardía con las incontables víctimas de la rebelión de los generales en 1936. España es un gran cementerio bajo la luna, una gigantesca fosa clandestina donde aún se amontonan los restos de maestros, poetas, obreros, campesinos, socialistas, anarquistas y comunistas, asesinados por luchar contra terratenientes, señoritos, banqueros, curas y militares. Nada augura que esos restos hallarán una digna sepultura o que el espeluznante mausoleo de Cuelgamuros será dinamitado, corriendo la misma suerte que los edificios y monumentos de la Alemania nazi y la Italia fascista. Odio a este puto país porque es un Reino y no una República, con un idiota coronado que extermina elefantes, confraterniza con dictadores, colecciona Ferraris en mitad de una pavorosa crisis económica y rivaliza con su tatarabuela Isabel II en promiscuidad, molicie, avaricia, oportunismo, populismo, estulticia y arribismo.

Odio a este puto país porque ha convertido el traje de gitana en símbolo nacional, sin avergonzarse de haber maltratado y hostigado durante siglos al pueblo romaní, confinándole en lejanos basurales. Odio a este puto país porque su unidad se ha construido sobre invasiones, matanzas y expolios. Odio a este puto país porque se identifica con la bandera de los Borbones y no con la enseña tricolor de la Segunda República. El rojo y gualda es una herencia (otra más) del franquismo, una dictadura tan sangrienta como ridícula, donde un militar bajito y con voz de espantapájaros se hizo llamar Caudillo y Generalísimo, escribiendo algunas de las páginas más negras de la historia universal de la infamia.



He nacido en este puto país, pero preferiría ser un piel roja o un extraterrestre perdido en el espacio. He nacido en este puto país, pero preferiría que la selección española no hubiera ganado la Eurocopa, particularmente después de saber que sus jugadores tributan sus bonificaciones en el extranjero para eludir la presión fiscal.

He nacido en este puto país, pero no me emocionan las victorias de Fernando Alonso o Rafa Nadal, dos millonarios sin complejos que juegan con Hacienda al escondite inglés. Rafa Nadal es tan buen chico que recuerda a Doris Day: sonriente, educado, bobo, soso, lelo, acartonado, previsible. Si hubiera trabajado en el Hollywood de los años 40, habría sido un aburrido galán de serie B, incapaz de propinar un puñetazo creíble o de recitar su diálogo, sin transmitir la sensación de ser el protagonista de una función escolar, con el talento interpretativo de un chimpancé. Fernando Alonso no parece un buen chico. Fernando Alonso tiene aires de rufián acostumbrado a matar las horas con un palillo de dientes en la boca y una copa de anís en la mano. No hace falta mucha imaginación para asignarle el papel de villano en una película de cine mudo o de hampón en un entremés escenificado en una corrala atestada de busconas y galeotes. Si se dejara crecer el bigote y una coleta, sería un aceptable Fu Manchú, tejiendo planes maléficos para alimentar su megalomanía hiperbólica.

Odio a este puto país porque ha permitido que sus grandes cómicos murieran en un inmerecido olvido. Gracita Morales pasó los últimos años de su vida sin recibir ofertas de trabajo a la altura de su genio irrepetible. Condenada a interpretar papeles secundarios en las series televisivas, se hundió poco a poco en la depresión.

Odio a este puto país porque algunos de sus grandes escritores han muerto en el exilio, la cárcel o asesinados por españolistas furibundos. Las imágenes de un Antonio Machado enfermo y prematuramente envejecido agonizando en una modesta pensión de Colliure o de Miguel Hernández entregado a la Guardia Civil por la policía del infame Salazar siempre nos recordarán la esencia de un país que ha maltratado a sus poetas y nunca ha tolerado a sus disidentes. Ser heterodoxo en España significa vivir con un pie en la horca. El asesinato de García Lorca refleja ese odio atávico que siempre ha caracterizado a un país áspero y huraño.


La brutal paliza que tres falangistas le propinaron al cantante de copla Miguel de Molina por ser homosexual y republicano aún inspira a los matones que apalean a inmigrantes, “rojos y maricones”, abusando de sus músculos de gimnasio y del calor de la manada, que les garantiza un victoria fácil sobre un rival indefenso y con miedo a recurrir a una policía aficionada a los mamporros y a la presunción de veracidad, una pirueta jurídica que atribuye a los agentes una infalibilidad sobrenatural.

Odio a este puto país porque se emociona con sus éxitos en el pueril entretenimiento del balompié, sin reparar que los verdaderos héroes no son unos jugadores adictos a los paraísos fiscales, sino los bomberos que extinguen incendios o los mineros que se enfrentan con tirachinas a las bocachas de la Benemérita, permitiéndonos soñar con una marea roja que ahogue a los adoradores del Becerro de Oro. Odio a este puto país porque todos los años mueren decenas de mujeres, asesinadas por un machismo profundamente enraizado en una sociedad que presume de sus cojones, convirtiendo los genitales masculinos en la metáfora de su chulería colectiva. Odio a este puto país porque se ha resignado a que el 20% de los niños viva en la pobreza y a que las oligarquías financieras sigan acumulando privilegios. Odio a este puto país porque ha asimilado el dogma de la no violencia, olvidando que las grandes transformaciones sociales siempre se han producido con estallidos revolucionarios. Conviene recordar que la heroica defensa de Madrid durante 1936, la revolución de Asturias en 1934 o la Semana Trágica de Barcelona en 1909 no se hicieron con manifestaciones pacíficas, sino con dinamita, fusiles y cócteles Molotov. Odio a este puto país porque llama terroristas a los autores de los atentados contra Melitón Manzanas y Carrero Blanco. Melitón Manzanas era un brutal torturador que había perfeccionado sus técnicas de interrogatorio con la Gestapo durante la ocupación de Francia. Carrero Blanco era el gorila del régimen franquista, la quintaesencia de una dictadura responsable de un genocidio. Sólo en la postguerra se fusiló a 192.000 personas en los diferentes campos de concentración levantados para descabezar cualquier forma de resistencia u oposición.

Odio a este puto país porque ya no lee a sus clásicos. Luis Cernuda describió el alma española como “una meseta ardiente y andrajosa” que adquirió “una gloria monstruosa” sometiendo a otros pueblos con su “sinrazón congénita”. Valle-Inclán escribió que “en España el trabajo y la inteligencia siempre han sido menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero”. Por eso, hay que eviscerar a los patronos y exhibir sus entrañas negras. “Todos los días una patrono muerto, a veces dos… –apunta Max Estrella en Luces de bohemia (1924)-. Eso consuela”. Y añade algo más adelante, comentando la infame ley de fugas aplicada a los anarquistas: “La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y vergüenza”.

Yo sólo admiro a una Roja: Dolores Ibarruri, Pasionaria. Odiada por la derecha más intolerante, encarna el espíritu de resistencia de la clase trabajadora, que se arrojó a la calle para defender Madrid contra los militares golpistas. Pasionaria es la madre de todos los rebeldes, de todos los que no se rinden, de los que han perdido el miedo a las represalias y prefieren la muerte a las humillaciones. Pasionaria es la España antifascista, roja, libertaria, socialista, solidaria e igualitaria. Mi madre escuchó a la Pasionaria despidiendo a las Brigadas Internacionales y aún recuerda su voz, llena de emoción y dignidad. Los 9.000 voluntarios extranjeros que murieron en España combatiendo al fascismo son los verdaderos héroes y no los deportistas que sólo se preocupan de su peculio. Las protestas de los mineros podrían ser la primera piedra de un futuro diferente, sin Borbones, Guardia Civil, políticos venales, obispos homófobos, toreros sanguinarios, empresarios sin conciencia y banqueros corruptos.

Valle-Inclán soñó con una guillotina eléctrica en la Puerta del Sol. Su afilado cartabón sería la espada de Teseo decapitando a explotadores, represores, escritorzuelos y usureros. No puede existir misericordia para los que conspiran contra la sanidad, la escuela y el pan de las familias. Si ese sueño se realiza, si las calles se llenan de banderas rojas y tricolores y se hace justicia con los verdugos de la clase trabajadora, ser español ya no estará asociado a las procesiones de Semana Santa y a la cabra de la Legión, sino a una insurrección que hizo rodar cabezas, sin avergonzarse de imitar el color de la aurora, convirtiendo las calles en ríos de sangre y el hotel Ritz en el cuartel general de las milicias revolucionarias.




RAFAEL NARBONA




El 28 de septiembre damos un #JaquealRey


De todo el entramado institucional del actual Régimen, la monarquía es el elemento que tiene menor legitimidad; por su origen, ya que Juan Carlos fue nombrado por Franco como su sucesor a título de rey; y también porque nunca ha tenido tipo alguno de refrendo popular.
La cabeza de la monarquía, el rey, ha sido a lo largo de éstas décadas todo un exponente de los rasgos más nefastos del sistema: participación de los últimos fusilamientos de la dictadura, implicación en el pronunciamiento militar del 23-F, contribución en diversos casos de corrupción, aprovechamiento privado permanente de su condición de Jefe de Estado…
En un momento económico y político tan delicado como el que estamos viviendo, es especialmente doloroso ver a diario el boato, el despilfarro y el blindaje judicial del que hace gala la familia real, ante la mirada atónita de sus “súbditos” y la complicidad del sistema.
Para dar un paso adelante en un proceso de empoderamiento del Pueblo (única forma a su vez de avanzar en un auténtico Proceso Destituyente – Constituyente), es necesario conseguir la abolición de la monarquía.
Es por ello que desde la Coordinadora 25S convocamos a toda la sociedad a una gran movilización para el sábado 28 de septiembre, bajo el lema #JaquealRey


III Jornadas Constituyentes


Los días 29 y 30 de junio celebraremos las III Jornadas Constituyentes según se acordó en el plenario de las II Jornadas celebradas en Madrid los días 16 y 17 de marzo pasado de 2013 en base a la preparación llevada a cabo por el grupo de trabajo creado en ellas. Las III Jornadas tendrán lugar, como en encuentros anteriores, en la Casa de Asociaciones del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid.
Con estas III Jornadas se pretende continuar impulsando el Proceso Constituyente tal y como lo concebimos en la Declaración Política de las primeras Jornadas, es decir: como un proceso de ruptura con el actual régimen y de construcción de la verdadera democracia y soberanía popular, proceso que habrá de ser horizontal, asambleario, participativo e inclusivo.
Desde que iniciamos este camino, la crisis del Régimen en todas sus vertientes, política, económica y social, no ha hecho más que agravarse con el consiguiente deterioro de los servicios públicos y empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo para la mayoría de la población, lo que nos confirma la idea de que tales problemas no tienen solución en el actual sistema político y económico.
En las jornadas se abordarán los siguientes temas:
 Análisis de la situación política actual.
 Modelo político que proponemos.
 Estructura organizativa del movimiento pro constituyente.
 Estrategia, acción y movilización para impulsar el Proceso Constituyente.
De ser solicitado, enviaríamos los documentos que hasta la fecha hemos recibido sobre los temas propuestos, pero también os animamos a remitir cuantos documentos creáis que puedan ser útiles para enriquecer el debate sobre esas cuestiones.
La confluenciaarticulación y movilización de todas las personas, colectivos y movimientos sociales que compartimos el proyecto de un verdadero Proceso Constituyente rupturista es necesaria en el momento actual. Creemos que en estas III Jornadas podemos llegar a dar un importante paso en este camino destituyente-constituyente, por lo que os invitamos y animamos a participar.
Convoca: Coordinadora 25S.
Organiza: Grupo de Trabajo Jornadas Constituyentes.

Destituciones y nuevas constituciones


El Fantasma de América Latina recorre europa 
Los movimientos sociales no sólo ejercían el “poder destituyente”. También se convertían en “poder constituyente”. La demanda de “refundar el país” a través de la convocatoria de una Asamblea Constituyente se convirtió en una de las principales reivindicaciones de estos movimientos”.
             
           ¿Es posible construir desde abajo un proceso constituyente, inventar otras “reglas del juego”? Pasen y vean lo que ocurrió en América Latina. (de Diagonal)
Primero las “pequeñas diferencias”, como diría John Travolta en Pulp FictionEn la Argentina pre corralito nadie hablaba de “prima de riesgo”, lo llamaban “riesgo país”. Nadie hubiera entendido un titular con la palabra “rescate”, lo llamaban “salvataje” o “megacanje”. Pero en todos lados significa más o menos lo mismo: financiación internacional a cambio de priorizar el pago de la deuda, reducir el gasto social, congelar salarios, aumentar el IVA, facilitar el despido, desregular y privatizar.
Manuela Gallegos fue una de las “forajidas” que formó parte de la revuelta que destituyó al presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez en 2005. Esta activista identifica semejanzas entre este movimiento y el 15M español. “Era una forma de decir ’ya basta’, no me fastidien más, dejen de tomar mi voto como el poder de ustedes para hacer lo que les da la gana”, cuenta a DIAGONAL. Pero también señala una de las grandes diferencias: “En España es más difícil, porque la institucionalidad es mucho más fuerte, aquí no había nada”.
Hasta 1997, “la opinión mayoritaria sostenía que no se podía derrocar un Gobierno en el Ecuador”, dice Edgar Isch, del partido Movimiento Popular Democrático. Se equivocaban. Ese año una coalición liderada por el movimiento indígena y apoyada por la clase media y diversos sectores políticos consiguió desalojar del poder a Abdalá Bucaram. Lo mismo ocurrió con Jamil Mahuad en 2000. Y con Lucio Gutiérrez en 2005. Los tres llegaron al Gobierno prometiendo política social y transparencia, dos de ellos incluso “el fin de la oligarquía”. Todos realizaron las mismas políticas neoliberales salpicadas de escandalosos casos de corrupción.
En el peor momento de la crisis ecuatoriana, tras diez años de políticas neoliberales, la pobreza afectaba al 70% de la población. En tres años, un millón y medio de ecuatorianos había tenido que emigrar. La especulación, al igual que en Argentina, era el negocio más rentable. La burbuja estaba a punto de estallar.
En noviembre de 1998, los grupos financieros, que “controlaban la economía y el sistema político”, consiguieron que el Estado asumiera todas las deudas de las entidades financieras, según cuenta a DIAGONAL el economista Pablo Dávalos. Una vez conseguido esto, “los bancos se retiraron” y todo el sistema cayó.
“Era el fracaso del Consenso de Washington”, dice Dávalos. “Lo más interesante es que esa clase media que perdió los ahorros de su vida también perdió la confianza en el sistema político. Pensaban que el neoliberalismo era una cuestión de otros países, una cuestión de los más pobres. Cuando el neoliberalismo llegó y les golpeó en los bolsillos, ahí la clase media se dio cuenta de que lo que siempre habían dicho los grupos de izquierda era cierto”. Lo mismo ocurrió en la Argentina del corralito en diciembre de 2001.
“There is no alternative”, decía Thatcher
El politólogo Francis Fukuyama sostenía en 1989 que después de la caída del “socialismo real” nadie podría impedir el avance del liberalismo económico. Pero un nuevo sujeto político crecía en el desierto dejado por la crisis del sindicalismo, víctima de un modelo que había creado un auténtico ejército de personas excluidas, que sobrevivían en el mercado informal o se veían abocadas al desempleo.
En Argentina fueron las organizaciones de desempleados. En Ecuador, el movimiento indígena. En Bolivia, el movimiento indígena y las organizaciones vecinales de El Alto y Cochabamba. Todos estos movimientos consiguieron de alguna forma dejar en evidencia a Fukuyama. En Argentina, en diciembre de 2001 era destituido Fernando De la Rúa. En Bolivia en octubre de 2003 caía Gonzalo Sánchez de Lozada. Igual que cayó dos años más tarde Carlos Mesa, también en Bolivia.
Los movimientos sociales no sólo ejercían el “poder destituyente”. También se convertían en “poder constituyente”. La demanda de “refundar el país” a través de la convocatoria de una Asamblea Constituyente se convirtió en una de las principales reivindicaciones de estos movimientos.
Destituir y constituir
En muchos países de la región la aplicación de las políticas neoliberales terminó por destruir a los partidos políticos tradicionales, que habían acaparado el poder con diversos acuerdos de alternancia política. En el caso de Venezuela, tras el hundimiento del bipartidismo, el proceso constituyente se abrió sin necesidad de unos movimientos que demostraran su capacidad de tumbar gobiernos. En el caso de Ecuador y Bolivia, destituciones y nuevas constituciones fueron de la mano. Aunque no siempre con los resultados esperados.

Para la activista feminista Julieta Paredes, la Asamblea Constituyente en Bolivia, entre 2006 y 2007, fue el punto culminante de la participación popular. “El proceso de la nueva Constitución significó desmitificar los libros sagrados. Pudimos escribir nuestras ideas, nuestra concepción de la sociedad, aunque éramos analfabetas, analfabetos… Y lo que se puede escribir mañana lo podemos borrar y reescribir”, dice a DIAGONAL.
En diciembre de 2007, la Constitución fue entregada al presidente Evo Morales, pero fue bloqueada durante más de un año por los parlamentarios de derecha. En 2008, el mismo día que una gigantesca marcha rodeaba el Congreso, los partidos llegaron a un acuerdo en el interior del edificio: la derecha destrabaría la nueva Constitución a cambio de unos “ajustes” en el texto. Entre los cambios más polémicos se encontraba la legalización de los transgénicos y de los latifundios existentes hasta la fecha, sin importar su tamaño.
Pese a las modificaciones de última hora, la nueva Constitución boliviana seguía recogiendo históricas demandas de los movimientos. Entre ellas,la prohibición de privatizar el agua, una mayor participación del Estado en la economía, la protección de la hoja de coca, la prohibición de bases militares extranjeras y la figura del referéndum revocatorio para todos los cargos electos, un derecho ciudadano que comparten las constituciones de Venezuela y Ecuador.
¿Constitución verde o papel mojado?
Igual de participativo fue el proceso en Ecuador, sobre todo en comparación con los anteriores, relata a DIAGONAL el presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta. Aunque el movimiento indígena tuvo apenas cinco representantes, muchas de sus demandas se vieron reflejadas. La principal fue el reconocimiento de Ecuador como un Estado “plurinacional”.
Otras demandas de los movimientos sociales que fueron recogidas en la Carta Magna fueron el reconocimiento de los “derechos de la naturaleza”,la prohibición de transgénicos, de la tercerización laboral y de bases militares extranjeras, así como un mayor control del Estado sobre los recursos naturales y los sectores estratégicos como la energía o el agua, que no podría ser privatizada.
Una vez aprobada la nueva Constitución, el frente común entre los movimientos sociales y el Gobierno de Rafael Correa no tardó en romperse. Frente a los “derechos de la naturaleza” consagrados en el texto constitucional, el Gobierno de Correa ha optado, según define Alberto Acosta, por un “extractivismo del siglo XXI”, donde la minería trasnacional, la extracción de petróleo o las grandes superficies agrícolas destinadas a la exportación son las prioridades. Frente al “derecho a la resistencia”, también reconocido en la nueva Constitución, el Gobierno sostiene procesos por “terrorismo” contra centenares de activistas por oponerse a la entrada de mineras y petroleras en sus territorios.
“Hemos creído que sólo con la elección de un presidente las cosas iban a cambiar, o que con la aprobación de una nueva Constitución la sociedad ya es diferente, lo cual no es cierto”, dice Acosta. “Y ahí viene el problema mayor, no es el presidente que no cumple la Constitución, no es su Gobierno que no la acepta, es una sociedad que todavía no ha comprendido que la Constitución es una caja de herramientas para construir democráticamente una sociedad democrática”, concluye.




Madrid vuelve a llenarse para exigir la dimisión del Gobierno y un proceso constituyente

Miles de personas volvieron a concentrarse por segundo día consecutivo en los alrededores del parlamento español para exigir la dimisión en bloque del Gobierno y la apertura de un proceso constituyente.



La multitud se congregó en torno a la plaza de Neptuno y las calles aledañas, ocupando casi la totalidad de la plaza hasta las vallas que la policía instaló para evitar el acceso de los manifestantes al parlamento.
Los asistentes gritaron consignas como “Gobierno dimisión”, “Rajoy cobarde, la calle está que arde”, “libertad detenidos” y “sinvergüenzas”, en referencia a los agentes situados en el cordón policial frente a la valla que impide el acceso al edificio.
Los congregados, que fueron convocados a través de las redes sociales por la coordinadora 25S, portaban pancartas con lemas como “Abrir un proceso constituyente”, “Dimisión”, “Democracia” o “Roban, pegan y … nos ‘representan’!”.
Los concentrados reclamaron, además, la puesta en libertad de los manifestantes que fueron detenidos el martes por la Policía, en la primera de las concentraciones y tras las cargas policiales.

Llamado a la Huelga General

Un nutrido grupo de sindicalistas con banderas y símbolos de los sindicatos CNT y CGT ha llegado pasadas las 20.30 horas a la plaza de Neptuno.
Los sindicatos CNT y CGT habían convocado una protesta en apoyo a la huelga general celebrada este miércoles en el País Vasco y Navarra contra la reforma laboral, los recortes y el llamado “pacto social”.
La manifestación ha discurrido entre la plaza Jacinto Benavente, Atocha y Neptuno.
También llevaban una pancarta de una gran dimensión, firmada por la CGT, en la que se podía leer ‘Por un ferrocarril público y social. Privatización no’. El lema de otra pancarta de este mismo sindicato, en esta ocasión en la cabecera, rezaba ‘No sobran empleados públicos, faltan servicios’.





Construyendo poder constituyente desde abajo